Uno. La información ordenada vale plata. Un riesgo bien presentado —valores por ubicación, siniestralidad limpia, medidas de prevención documentadas— consigue mejores términos que el mismo riesgo presentado a medias.

Dos. El programa se juzga en el siniestro. Todo lo que se ahorró en la renovación se pierde en una discusión de cobertura mal redactada.

Tres. La relación importa. El reasegurador que conoce la cartera desde hace años responde distinto en un año malo que el que llegó por tasa.

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