En una renovación de reaseguro casi nunca se discute el precio primero. Se discute la información: qué cambió en la cartera, cómo se comportó la siniestralidad, qué medidas se tomaron después del último evento.

Cuando esa conversación está bien preparada, el precio es una consecuencia. Cuando no lo está, el reasegurador cubre su incertidumbre con tasa y con exclusiones.

Por eso la renovación empieza meses antes: recolectando datos, no negociando.

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